El violín no solo se escucha… se siente.

Cada nota despierta emociones, transforma el ambiente y convierte cualquier evento en una experiencia que se guarda en el alma.
Romántico, apasionado, espiritual… su sonido crea atmósferas donde las palabras sobran y el recuerdo, simplemente, perdura.

Ricardo Bassol Mayagoitia

Aprendí a tocar el violín desde niño a la edad de 10 años. Desde entonces ha sido un entrañable compañero de mi vida que se ha convertido como el mejor de mis hobbies.

Desde muy pequeño participé como violinista en la Orquesta Sinfónica Juvenil del Instituto Francés de la Laguna. Así mismo en la orquesta de cámara de San Luis Potosí y en la orquesta de cámara de la Universidad de Tulane, LA, EU.

Las melodías interpretadas con el violín envuelven a las personas en una sensación de bienestar.

La música del violín crea un ambiente propicio para la plática amena, a la vez de disfrutar los alimentos que se degustan.